Violencia por naturaleza

Desde que hice el taller con Matías Costa, tengo una idea que revolotea en mi cabeza: la violencia innata de la fotografía. No se refiere a cómo vemos violencia en las fotos de lugares en conflicto sino es sobre cómo la fotografía “roba” un momento de la realidad que se suponía que debía desvanecerse en el tiempo. Realmente no sé si fue que se mencionó en el taller o si fue que lo leí en uno de los textos que me mandó Matías algunos días después. Semanas después encontre algo que me recordó la idea. Estaba justo al comienzo del segundo capítulo de La resistencia de Ernesto Sábato.

 

“Después de recorrer durante horas la imponente quebrada de Humahuaca hemos regresado a la antigua ciudad de Salta, tan hermosa en otro tiempo, hoy casi irreconocible, plagada de letreros y de edificios modernos que han roto la belleza de sus calles coloniales. Ya nada va quedando, como si nadie la mirara , aristócrata ciudad de Salta, como si también a ella le hubiera llegado este desencanto moderno que en nada pone empeño, que construye las casas para que se deshagan al día siguiente, ya sin frentistas, ni viejos herreros”, Ernesto Sábato.

 

“Ya nada va quedando”, dice al hablar de Salta que va perdiendo sus vistas tradicionales. Soy de los que le aterra perder lo que tiene. Incluyo las memorias. Siento que esa, también, es la preocupación de Sábato en ese párrafo.

 

Entonces, ¿no está justificada esa violencia de la fotografía? ¿Es demasiado crimen robarle instantes a la realidad para que podamos consolarnos con una extensión del tiempo expresada en imagen? Creo que he encontrado otra de las razones por las que siento tanta atracción por la fotografía. Me permite arrancar un pedacito de la realidad de la que soy testigo.

 

Me viene otra referencia a la cabeza.

 

“I’ve… seen things you people wouldn’t believe… Attack ships on fire. I watched c-beams glitter in the dar near the Tanhäuser gate. All those… moments… will be lost in time, like tears… in… rain. Time… to die…”, Blade Runner.

 

“Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”, Blade Runner

 

En la película, este sentimiento lo expresa un replicante, en teoría inhumano, y que, sin embargo, es capaz de expresar un sentimiento tan humano.

 

Un par de imágenes que me sugieren este sentimiento:

 

 

Anuncios

¡Tenemos todo tipo de película… en digital!

Hace poco me encontré con una foto en el Facebook en la que aparecía una persona con un cartel que anunciaba: “no creas que eres fotógrafo porque usas Instagram”. Estoy de acuerdo pero yo añadiría “tampoco creas que no lo eres porque lo usas”.

Este blog nació con la públicación precisamente de un tema que tiene mucho que ver con esto: la relación que existía entre las legendarias películas y cámaras Polaroid y el mundo digital que comenzaba a sustituirlo. Siendo así las cosas me parece buena idea retomar la actividad de Entre granos y pixeles con un tema relacionado.

Instagram, Hipstamatic, Snapseed, ShakeIt, Luminance, PictFrame… ¡que cantidad de herramientas tenemos para nuestros móviles con cámara hoy en día! Podemos retocar, ajustar, aplicar filtros, etc. a nuestras fotos y hacerlas mejor. Aunque esa última palabra hay que tomarla con cuidado.

Yo soy de los que piensa buena parte del valor artístico de una foto (y si a eso venimos, de cualquier pieza de arte) viene de la actitud que tomemos en el proceso de creación y de las intenciones que tengamos. En otras palabras, que es lo que buscamos con lo que estamos haciendo. Si nosotros usamos cualquiera de estas aplicaciones para materializar una idea que ya tengamos en mente, definitivamente estamos tomando una actitud artística. Al final, de lo que se trata es de que los responsables del producto final seamos nosotros, no la máquina que utilicemos para lograrlo. Como dice el fotógrafo de estilos de vida Chase Jarvis: “la mejor cámara es la que está contigo”.

Por el contrario, un efecto negativo que han tenido la gradísima popularidad de estas aplicaciones es la confusión que puede crear a la hora de juzgar la calidad de una foto. Suele cometerse el error de considerar una foto como de buena calidad solamente porque tiene “colores bonitos”, “está en blanco negro”, “queda bien con cierto marco” o “muestra algo que todos conocemos”. Al entrar en esta manera de ver la fotografía dejamos de evaluar cosas como qué criterios de composición se utilizaron para realizar determinada foto, que cosas están sucediendo dentro de la foto o que significado puede tener la foto más allá de lo que vemos.

No es mentira que mucha gente usa estos programas con el fin de entretenerse y no voy a negar que es una razón más que valida para usarlos. Pero de lo que hablamos aquí no concierne propiamente al uso de este software para divertirse. Sino lo que nos importa es tratar de esclarecer esa borrosa línea entre lo que hacemos por diversión y lo que hacemos con el fin de crear un elemento artístico. Está claro que no seré yo quien haga esa determinación pero no hace daño hacer un intento para lograrlo.

El conocimiento es la única cosa que cuando se comparte se multiplica y no se divide

(Retomo el blog. Odio cuando me pasa esto de parar el flujo de ideas pero a veces se secan o a veces no hay tiempo o no hay fuerzas)

En clase con el pizarronTitulo este artículo de esta manera para hablar de lo que ha sido mi experiencia como profesor del taller digital I en el Núcleo Fotosensible. Precisamente esa idea del conocimiento multiplicado es una de las razones principales que motivan mi participación en los talleres. Digamos que es mi manera de poner mi granito de arena y es tal cuál como dicen que es: una experiencia satisfactoria.

Otra razón es que, si bien el papel que me toca dentro del curso es de quien imparte el conocimiento, debo decir que, en mi caso, este flujo ha sido bidireccional. No hay un curso en el que no haya por lo menos un alumno no me sorprenda con algún comentario, alguna lectura distinta de una foto… Con esto no quiero decir que espero poco de los alumnos (todo lo contrario) sino que yo también me nutro de sus comentarios. Eso hace la experiencia el doble de enriquecedora. En verdad es muy satisfactorio ver cómo personas que llegan sabiendo poco o nada sobre la fotografía se “enganchan” con el tema y se les enciende la chispa que les pide profundizar sobre el tema.

Por último, existe otro motivador para dar estas clases. El hecho de tener que explicarle algo a alguien te obliga a conocer el tema a la perfección. Desde esta perspectiva, dar clases se convierte en una constante revisión y expansión personal de conocimientos. No sólo técnicos sino también estéticos.

Agradezco a todos los participantes que he conocido durante los cursos. Hasta un par de amigos me he ganado. 😉

(Dentro de poco comenzaré a dar el taller de flash como herramienta también. Seguro que será un gran experiencia también)

P.D: No logro recordar dónde leí la frase del título ni quién es el autor. Si alguien sabe, por favor comparta esa información 😉

Los pequeños fragmentos visuales que somos

AutoretratoSólo podemos fotografiar lo que somos- Antoine D’Agata

Esa fue una de las ideas que más caló en mi cuando hice el taller de fotoperiodismo con Lúrdes Basolí hace un par de meses. Nuestra fotos, las que en verdad valen la pena, hablan de nosotros y nos delatan porque dejamos algo (o tal vez mucho) de nosotros en ellas. La conexión de nosotros con nuestros sujetos, sean cuales sean, no se puede ocultar. No se debe ocultar porque para eso estamos en esto. Un autorretrato, nuestra familia, un perfecto extraño que vimos en la calle son parte de uno como fotógrafo porque el instante del click fue compartido.

Otra idea que va de la mano con que solo podemos fotografiar lo que somos es que no existe la fotografía “desde afuera”, o en términos fotográficos más tradicionales “si tu imagen no es lo suficientemente buenas es porque no estabas lo suficientemente cerca”-Robert Capa. Uno debe pertenecer al ambiente donde se toman las fotos. Fusionarse con él, “estar adentro”. De esa manera, se toman fotos que comunican y hacen sentir. Uno no puede hablar de lo que no conoce y “estar afuera”. Capa siempre hablaba de acercase y muchas veces se le toma muy literalmente. Es verdad que uno debe acercase físicamente. De esa manera, podemos entender mejor lo que vemos. Pero, creo que las palabras de Capa hablan de algo mucho mas significativo que la cercanía física: la cercanía emocional. Se debe estar conectado emocionalmente con nuestra historia. Si no, las fotos no llevarán el mensaje que queremos.

Cada nuevo proyecto es una relación. Al comienzo puede ser incomodo o acartonado, pero, a medida que se suman las obturaciones nos vamos sintiendo más cómodos, con más movilidad y lo más importante: nos acercamos más. Una vez en este punto, la relación se vuelve más cómoda y natural. Al final, los proyectos acaban (más de lo que nos gustaría). No porque sintamos que está realmente completos sino porque ya no pueden dar más. De alguna manera, es una relación que se desvanece. ¿Es triste? Sí. ¿Satisfactorio? También. Existe el placer de haber vivido algo que si no fuera por la fotografía no hubiera sucedido, y que, a partir de ella se creó algo nuevo. Una imagen, una relación, una experiencia.

Entre la lentitud y la inmediatez

Luego de estar un largo rato ojeando el nuevo blog de NYT, me quedé pensando en uno de los post: Essay: Slow photography in an instantaneous age (Fotografía lenta en una era instantánea). Más allá de las imágenes, que son increíblemente bellas, una de las cosas que más me interesó fue lo que el fotógrafo escribió sobre el proyecto y el método para hacerlas.

Fred R. Conrad, el fotógrafo, explica cuáles son la cualidades que tiene la fotografía de gran formato. Pero, no habla de las cualidades técnicas propiamente, sino de cómo trabajar en ese formato permite al fotógrafo experimentar cosas distintas, y, que a larga, le permiten profundizar en su tema fotográfico y ver nuevas cosas.

Es cierto que una de las grandes ventajas del uso de la película es el hecho de que obliga al fotógrafo a ser más disciplinado y a ser más observador. Sin embargo, creo que, si bien el tipo de herramienta que se use influye, realmente depende del fotógrafo. Pongo como ejemplo mi caso. Yo comencé a usar el soporte digital recientemente. No voy a negar que hay una serie de ventajas que he empezado a disfrutar con el formato digital. Aún así, he estado tratando de no perder la disciplina y el rigor de un fotógrafo analógico. Sí, la foto se puede acomodar luego pero prefiero que esté lo más cercano a la perfección a la hora de la toma. Me gusta que la fotografía sea lo más directa posible sin cerrarme a las posibilidades que da el post-procesado digital. Una de las cosas que sí extraño de la película, además del tiempo pasado en el laboratorio, es la emoción de la expectativa cuando estamos por revelar un negativo. En ese sentido, he llegado a un punto donde estoy por comenzar a inhabilitar la pantalla de mi cámara digital para que no me muestre la imagen que acabo de tomar. Empiezo a entender aquello de que mirar la pantalla después de tomar la foto hace que puedas perderte una buena foto. Y en cuanto a lo de ser observador, creo que es difícil dejar de serlo después de varios años con película.

Quiero destacar que sigo siendo un gran fanático del film a pesar de que ya no lo uso tan a menudo. Y también que soy un gran admirador del medio y gran formato que siempre me ha dado mucha curiosidad y lamentablemente no he tenido la oportunidad de utilizar. Al final, cada vez me convenzo más que las diferencias de importancia entre el analógico y el digital tienen más que ver con el proceso creativo y personal del fotógrafo que con aspectos técnicos.

Un fin. Dos soportes

en-el-gimnasioHace poco tuve una discusión con mi amiga y colega Erika sobre el uso del color y el blanco y negro dentro de una misma serie. Erika es una fotógrafa que se dedica exclusivamente a la fotografía de color (pueden ver algo de su trabajo acá). De hecho, una imagen de Erika suele caracterizarse por tener colores bastante saturados y un nivel considerable de contraste. Ella me comentaba que no entendía cómo yo podía usar ambos soportes en el mismo proyecto. Esto me llamo mucho la atención dado a que el viejo dilema entre la fotografía a color y la blanco y negro estaba implícito en esa conversación.

Una de las cosas que más me sorprendió fue el hecho de que un trabajo en ambos soportes le causara tanto choque visual. Hay que decir que Erika (así como yo) entra dentro del grupo de fotógrafos que dan por sentado el uso de cualquiera de los dos soportes. El uso de color o b/n ya estaba más que establecido cuando cualquiera de los dos comenzamos con la cámara. El tema de cuál soporte se debe usar ya tenía sus años. Sin embargo, esa conversación me hizo recordar que una gran mayoría de fotógrafos se especializan en uno de los dos tipos de fotografías. O eres fotógrafo a color o a b/n.

Lucha diariaEn lo personal considero que si alguien quiere ser un fotógrafo completo debe saber utilizar ambos soportes a la perfección. Ernst Haas, quién fue un gran fotógrafo en ambos soportes, comentaba que en muchos fotógrafos se especializaba con uno de los soportes por su inhabilidad en manejar ambos correctamente. Haas decía, “no se debe juzgar a un fotógrafo por el tipo de película que usa sino por cómo la usa”. Otro fotógrafo, Rodrigo Benavides, compartía algunas de sus ideas al respecto y sus comentarios van muy de la mano con lo que explicaba Haas. Para Benavides “es una cuestión de contenidos. El soporte debe servir a un propósito. Hay que esmerarse en entender para qué usas un soporte y por qué lo usas”.

Yo pensaba que una discusión sobre este tema estaba ya desactualizada dado a la estabilización en el uso de tanto b/n y color. Sin embargo, pareciera que temas como este siempre están renovándose a sí mismos. Con la entrada de la fotografía al mundo digital pareciera que la pregunta de “cuál rollo usar” ya no está presente. Pero esa pregunta ha demostrado ser solamente una extensión de lo que realmente debe pasar por la mente del fotógrafo a la hora de disparar la cámara: “¿qué necesito para hacer de esta imagen una buena foto?

Fotografía es una palabra de género femenino

nangoldinA raíz de la publicación del artículo de Olivia Arthur, he comenzado una conversación en varios actos con mi amiga Azlin sobre la situación actual de la mujer en el mundo de la fotografía y el arte en general. Yo escribí en ese artículo que era lamentable que hubieran tan pocas mujeres fotógrafas. Azlin me refutaba con que no es que hayan pocas sino que son menos reconocidas que los hombres, tanto cualitativa como cuantitativamente. Debo decir que Azlin es una persona con una sensibilidad muy desarrollada, cineasta y feminista (que en realidad creo que es una de las muchas ramas de su deseo porque las personas sean consideradas iguales todas, es decir, primero personas y luego hombre o mujer, blanco, negro o amarillo, etc). Todas esas cosas hacen que sea mi amiga y que nos entendamos tan bien :).

Su comentario despertó cierta curiosidad en mi. Me pusé a buscar fotógrafas que representaran el género y efectivamente están ahí. He descubierto varias artistas realmente buenas cuyos trabajos siento que en muchas ocasiones pasan desapercibidos o quizás subvalorados. También consideré que a lo mejor esa era mi impresión al no haberme dado cuenta del trabajo de estas artistas. Sin embargo, esta inquietud volvió cuando, al revisar los ganadores de premios como los de la NPPA o los mismos World Press Photo, me doy cuenta de que hay muy pocas ganadoras. Y así, los anuncios de premios ganados por hombres llegaban sin parar.

Obviamente, eso genera algunas preguntas: ¿Será que la comunidad fotográfica está también afectada por cierta discriminación de género? Y de ser así, ¿cómo es posible que en un ámbito como la fotografía, que se supone que es un medio que requiere una sensibilidad especial, existan este tipo de actitudes? ¿Acaso el sexo del artista prima por encima del talento del o de la misma? ¿Cómo se justifica eso en el siglo XXI, en sociedades democráticas? La idea de estas líneas no es dar respuesta a esas preguntas directamente sino crear una chispa sobre un potencial problema que está enfrente de nosotros y darles respuesta a través de la discusión.

P. D: Ya algunas de las fotógrafas que encontré entraron en la lista para ser fotógrafas destacadas en el blog. Todas fabulosas claro está.