“El reto no es fotografiar un lugar nuevo sino uno viejo de manera novedosa”

La frase que titula este post fue una de las primeras que leí cuando empezaba a estudiar fotografía. También es una de las que más me impactó. Lo que lamento es que no recuerdo de quién era. Hace unos días la recordé porque me topé con una especie de representación real de ella mientras revisaba el blog de Chase Jarvis. ¿Qué les parece?

¡Tenemos todo tipo de película… en digital!

Hace poco me encontré con una foto en el Facebook en la que aparecía una persona con un cartel que anunciaba: “no creas que eres fotógrafo porque usas Instagram”. Estoy de acuerdo pero yo añadiría “tampoco creas que no lo eres porque lo usas”.

Este blog nació con la públicación precisamente de un tema que tiene mucho que ver con esto: la relación que existía entre las legendarias películas y cámaras Polaroid y el mundo digital que comenzaba a sustituirlo. Siendo así las cosas me parece buena idea retomar la actividad de Entre granos y pixeles con un tema relacionado.

Instagram, Hipstamatic, Snapseed, ShakeIt, Luminance, PictFrame… ¡que cantidad de herramientas tenemos para nuestros móviles con cámara hoy en día! Podemos retocar, ajustar, aplicar filtros, etc. a nuestras fotos y hacerlas mejor. Aunque esa última palabra hay que tomarla con cuidado.

Yo soy de los que piensa buena parte del valor artístico de una foto (y si a eso venimos, de cualquier pieza de arte) viene de la actitud que tomemos en el proceso de creación y de las intenciones que tengamos. En otras palabras, que es lo que buscamos con lo que estamos haciendo. Si nosotros usamos cualquiera de estas aplicaciones para materializar una idea que ya tengamos en mente, definitivamente estamos tomando una actitud artística. Al final, de lo que se trata es de que los responsables del producto final seamos nosotros, no la máquina que utilicemos para lograrlo. Como dice el fotógrafo de estilos de vida Chase Jarvis: “la mejor cámara es la que está contigo”.

Por el contrario, un efecto negativo que han tenido la gradísima popularidad de estas aplicaciones es la confusión que puede crear a la hora de juzgar la calidad de una foto. Suele cometerse el error de considerar una foto como de buena calidad solamente porque tiene “colores bonitos”, “está en blanco negro”, “queda bien con cierto marco” o “muestra algo que todos conocemos”. Al entrar en esta manera de ver la fotografía dejamos de evaluar cosas como qué criterios de composición se utilizaron para realizar determinada foto, que cosas están sucediendo dentro de la foto o que significado puede tener la foto más allá de lo que vemos.

No es mentira que mucha gente usa estos programas con el fin de entretenerse y no voy a negar que es una razón más que valida para usarlos. Pero de lo que hablamos aquí no concierne propiamente al uso de este software para divertirse. Sino lo que nos importa es tratar de esclarecer esa borrosa línea entre lo que hacemos por diversión y lo que hacemos con el fin de crear un elemento artístico. Está claro que no seré yo quien haga esa determinación pero no hace daño hacer un intento para lograrlo.