(Mis disculpas a quienes ya leyeron este artículo con los anteriores errores de tipeo)
Hace unas semanas se ha creado una polémica a raíz del trabajo de la fotógrafa Andrea Bruce sobre la circuncisión femenina en la región Kurda de Iraq. La serie narra el proceso de mutilación de una niña de entre 6 y 8 años. El centro de la polémica no está propiamente en la crudeza o barbaridad del tema sino en su tratamiento. La fotógrafa optó por no ocultar la identidad de la niña, exponiéndola así a millones de personas. Si Bruce tenía la intención de ayudar creando consciencia, lo más probable es que lo que haya hecho sea empeorar la situación de la niña. Hay muchas maneras de acercarse a este difícil tema sin revelar la identidad de la menor, crear consciencia y generar imágenes incluso más poderosas de las que se hicieron.
Pero el problema va más allá. No sólo la fotógrafa presentó el trabajo así. La gente del Washington post, para quien Bruce hizo el trabajo, tiene la labor de editar las imágenes. Aún así, publicaron las fotos con la identidad de la niña. Como si no fuera suficiente, el trabajo ha ganado muchísimos premios, incluyendo el segundo lugar al mejor fotoperiodista de la NPPA.
Debo decirles que yo estoy del lado de los indignados con esto. Cuando vi la serie en verdad dan ganas de llorar. Especialmente sabiendo que la niña no sólo sufrió una bárbara mutilación sino que además fue expuesta públicamente. Doble el daño. Según las leyendas de la serie, la niña fue engañada. Le dijeron que iba a una fiesta para que luego se encontrara con una mujer y sus utensilios de tortura.
Para hacer hacer una analogía voy a traducir un fragmento de otro artículo que protestó contra esta situación que salió publicado en Duckrabbit en la que plantea un caso similar (hipotético):
“Un famoso fotógrafo iraquí va EEUU a cubrir un círculo de pedofilia al que tuvo acceso. Toma fotos de un niño de siete años mientras es abusado por un sacerdote católico. El muchacho piensa que va a una fiesta pero se encuentra con que el sacerdote tiene otra idea en mente. Las fotos muestran al niño sufriendo y agonizando.
El fotógrafo regresa Iraq y uno de los periódicos de circulación nacional decide publicar las imágenes por la cuales se le paga al fotógrafo. Las imágenes le dan la vuelta al mundo por internet. Las fotos muestran claramente la cara del niño y no se hace ningún esfuerzo por ocultar su identidad. Total, si se trata solamente de un muchacho ‘white trash’ americano”
Muy seguramente las alarmas hubieran sonado más fuerte en ese caso. Entonces, ¿por qué no se considera lo mismo con la niña Iraquí?
Quizás habrá quienes piensen que el argumento se excede en moralista argumentando que las circuncisiones masculinas se hacen todo el tiempo y que no tienen ningún problema. Es verdad, las circuncisión masculina no tiene nada de malo. El problema es que en la circuncisión masculina lo que se remueve es un pedazo de piel nada más. En el caso femenino lo que se corta es un órgano: el clítoris.
La gente de the click hace referencia a varios artículos en contra.